Esquizofrenia y feminismos (I): El estigma de la esquizofrenia.

La esquizofrenia es una enfermedad del cerebro de las que se desconoce el origen exacto. La teoría más aceptada es la que dice que las personas con esquizofrenia han heredado la vulnerabilidad a padecerla pero si no se dan unos factores desencadenantes, sucesos vitales estresantes,  no tienen porque desarrollarla.

En mi caso no tengo antecedentes de esquizofrenia en mi familia pero si la vulnerabilidad porque al sufrir acoso en el trabajo salió a la luz la enfermedad.

Fueron dos años de crisis de los que mantengo poco recuerdos y los que tengo están desordenados.

Este periodo de tiempo fue duro para mi y para mi familia que no sabia lo que me pasaba. Por ese motivo el diagnostico fue un alivio por que ya podían darme el tratamiento adecuado y estabilizarme. Pero a pesar de ese alivio, no me atrevía a de salir del armario por que yo misma era presa de los estereotipos sobre mi enfermedad.

Yo, como todos vosotros, había visto noticias de asesinatos provocados por personas en crisis y aunque yo no me reconocía en esa realidad me daba miedo que mi entorno pensara que le podía hacer daño.

Y por ese motivo estuve un tiempo oculta para el mundo que se alejaba de mi entorno estrictamente familiar y de algunos amigos-hermanos.

Ese proceso duro un tiempo relativamente largo, en el que la culpabilidad afloró muchas veces, hasta que me perdone a mi misma cosas de las que no era responsable pero que me hacían daño.

Después de que las heridas cicatrizaron decidí que no podía ocultarme más y salí al mundo diciendo que tenia una enfermedad llamada esquizofrenia.

Me planteaba que si mi hermano diabético no ocultaba su condición ¿ Por qué tenia que hacerlo yo?. El tiene que pincharse insulina y yo tomar antipsicóticos. ¿Que diferencia hay?.

Mirando hacia atrás me doy cuenta que peque de una inguenuidad casi infantil al pensar que una enfermedad fisica es igual que una enfemedad mental.

Cuando eres diabetico, siguiendo el ejemplo de mi hermano, las personas se compadecen de ti pero cuando tienes una enfermedad mental la gente te tiene miedo.

No quiero decir que la compasión no sea una carga pero es mucho peor que las personas de tu entorno piensen que les vas a hacer daño físico. Si piensas que te van a dañar es complicado relacionarte de una manera sana con tu interlocutor esquizofrénico.

Y si logran desprenderse de ese miedo después esta el otro miedo de cualquier cosa que te digan que no te siente bien puede desencadenar una crisis.

Con estos mimbres las personas de tu entorno, cuando sales del armario, te tratan de manera diferente.  Hay dos opciones. O te tratan como una como un criminal en potencia o como una bomba a punto de estallar.

Pero claro eso no lo sabes por qué no te lo cuentan. Así que durante un tiempo vives en la felicidad del mundo de piruleta hasta que por algún motivo la realidad se destapa.

En mi caso salió por una intuición. Notaba que había cosas raras y decidí comentarles a mis amigos que creía que me trataban diferente.

A partir de ahí fue una hecatombe emocional. Unos lo negaron, otros lo aceptaron y otros me dieron hostias hasta en el paladar. La situación hizo que empezara a recluirme en mi cueva, perdiera la confianza en mi misma y en lo demás.

Había topado con el estigma de la esquizofrenia en toda su magnificencia. Deje el mundo de piruleta en el que vivía hasta entonces y choque con el mundo real.

Un choque tan duro que me quebró todos los huesos y , lo peor de todo, mi espirtu. No tenia ganas de hacer nada y quería ser “normal” para que las personas que quería se sintieran cómodas conmigo y no me tuvieran miedo.

A partir de ese momento hubo un antes y un después en mi. Tarde meses en recuperar la confianza en mi misma y en los demás. Tuve momentos de arrepentirme de haber sacado de mi entorno cercano mi diagnostico pero haciendo un esfuerzo enorme recompuse mi persona y me reafirme en que mi postura de hablar abiertamente de mi enfermedad era la correcta.

La estigmatización de la esquizofrenia, y de la enfermedad mental en general, solo se cura con el esfuerzo militante de vindicarnos como personas, con nuestras cosas buenas y malas como cualquier otra.

Es verdad que muchas veces duele pero ese dolor se convierte en liberación y la liberación te hace una persona plena. Pero cuando había llegado a un punto de sosiego me doy cuenta que soy mujer por lo que tengo que afrontar un doble reto.

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